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Escritores polacos a la conquista del mundo

August 13, 2017

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En el año 1940 los alemanes regalaron a los católicos españoles tres vagones repletos de cálices, cuadros y casullas. Oficialmente se hablaba en Berlin de regalo por parte de los católicos alemanes; en realidad se trataba de SOBORNAR A ESPAÑA PARA QUE PARTICIPARA EN LA GUERRA DEL BRAZO DE HITLER. El regalo se componía de obras de arte robadas de las iglesias polacas y checas.

 

La Biblia de Guttenberg

Polonia contaba entre sus tesoros más preciados con uno de los 45 ejemplares conservados en el mundo de la Biblia de Gutternberg – el primer libro publicado de la historia. Ésta se encontraba concretamente en la Biblioteca del Seminario de Pelplin, tenía 641 páginas de gran formato y su valor antes de la guerra ascendía a 1.800.000 zł. (moneda polaca) de aquella época. Para protegerla, las autoridades de la diócesis de Pelplin decidieron no perder más tiempo y en julio de 1939 pidieron a talabartero Gutkowski que fabricara en secreto un maletín especial, lo forrara con piel y suaves almohadas para en él transportar a la biblia. Con el maletín en una mano y un salterio del sigo XXVI en la otra, el padre Antoni Liedtke, viajó a Varsovia. A finales del mes de julio el maletín con dos tomos de la biblia y el salterio fueron colocados en la caja fuerte del refugio del Bank Gospodarstwa Krajowego (Banco del Patrimonio Nacional). En aquellos tiempos era la caja fuerte más moderna, además de insumergible. (...) Muy pronto, a la colección de Pelpin se unirían los objetos más valiosos de arte escrito polaco.

 

Los manuscritos

El 5 de agosto de 1939 el director de la Biblioteca Nacional sacó de la ignífuga caja fuerte de su despacho un maletín con los originales de las obras de Chopin (Szopen en polaco), salterio Floriański, sermones Swiętokrzyskie, apariciones de Santa Brigida, anuario Swiętokrzyski i dieciocho otras obras manuscritas de incalculable valor.  

Las obras de la biblioteca guardadas en dos baúles también llegaron al refugio de BGK (banco antes mencionado). Al estallar la guerra, las obras escritas fueron evacuadas junto con los bienes del banco. El 18 de septiembre cruzaron la frontera polaco – rumana para finalmente llegar a Francia, donde se unieron a los, felizmente evacuados antes, tapices del Castillo de Wawel. Junto con ellos, el día 18 de junio de 1940, ante la capitulación de Francia, fueron enviados a Inglaterra. En julio del mismo año finalmente el buque <<Batory>> se los llevó a Canadá.

Los alemanes, nada más entrar en Polonia, comenzaron la búsqueda de la Biblia de Guttenberg. Durante la amplia investigación, la Gestapo interrogó a varios párrocos de Pomerania. En los primeros días de la guerra los alemanes sospechaban que los sacerdotes polacos habían escondido la biblia en los alrededores de Pelplin. Más adelante ampliaron la búsqueda a Varsovia y Lublin donde interrogaron a varios sacerdotes. Finalmente enviaron una orden de búsqueda y captura del sacerdote Liedtko por toda Europa, a quien llamaron <<el ladrón de la Biblia de Guttenberg>>. Afortunadamente éste consiguió escapar a Inglaterra.

 

En el año 1945, después de ser aprobado el Gobierno de la Unión de Polonia por las potencias del Oeste, el diputado del Gobierno londinense en Canadá, Wacław Babiński, decidió proteger los tesoros nacionales de los comunistas varsovianos. Para ello ordenó esconder los tapices de Wawel en dos monasterios canadienses; los bastones de mariscal, la Biblia de Guttenberg y escritos de incalculable valor los depositó en el Bank of Montreal. La recuperación de las obras de Canadá duró alrededor de trece años.

 

La Biblia de Guttenberg no era la única obra maestra de la colección eclesiástica que fueron felizmente evacuadas fuera de Polonia. Poco antes de la guerra los propietarios de las obras más valiosas, pertenecientes a colecciones privadas del sur de Polonia, decidieron depositarlas en la Colección Nacional de Obras de Arte de Wawel. Éstas fueron evacuadas, junto con los tapices de Wawel a través de Rumanía, Francia e Inglaterra. Entre ellos se encontraban: el cuadro <<Arreos>> de la colección de María Szembekowska y Adam Potocki; copa de oro obsequio de Jadwiga Tarnowska; armadura polaca del siglo XXVII, propiedad de Franciszka Potocka. Entre las obras evacuadas se encontraba también el “Caballero con cisne”, tapiz de incalculable valor del siglo XV, perteneciente al convento de los augustianos de Cracovia. 

 

La Virgen de Jasna Góra (Częstochowa)

El resto de sus obras de arte, la Iglesia tuvo que esconderlas en el país. La responsabilidad más grande recaía sobre los padres paulinos del Monasterio de Jasna Góra. Experimentados por la historia, consiguieron sacar a tiempo su tesoro más grande – el cuadro de la Virgen, llevándolo al convento de Leśna en Podlasie. Los alemanes nunca consiguieron dar con su paradero. Según fuentes muy fidedignas, aunque no confirmadas oficialmente, éste fue escondido debajo de una mesa no muy llamativa; otras, que fue empotrado en la pared, mientras que en el altar se puso una copia del cuadro. Por suerte su cautela resultó ser innecesaria, pues los alemanes no se atrevieron a robar la imagen más emblemática de la fe polaca.  

 

A contrarreloj

A finales de agosto y en septiembre de 1939 en las iglesias, parroquias, diócesis y museos no cesaba el trabajo. Los sacerdotes y feligreses se apresuraban en cavar, picar paredes y levantar otras. En la Catedral de Gniezno, el sacristán desmontó el valioso sarcófago de Santo Adalberto y lo escondió en la base sur de la torre; los mármoles fueron escondidos en el sótano. En Bydgoszcz, el sacristán Karlowski escondió las obras más valiosas de aquella iglesia en sus columnas y pilares, gracias a lo que perduraron. Pero muchos escondites, debido a la muerte de los sacerdotes y fieles que los conocían, fueron olvidados. Algunos tuvieron la suerte de ser encontrados años después, como ocurrió p.ej. en el año 1966 en Kartuzy, cuando durante la reforma de la casa parroquial, por casualidad fueron encontrados dos antiguos cálices y un recipiente escondidos allí en septiembre del 1939.

Durante la restauración de las aulas de catequesis de la iglesia parroquial de Kościerzyn en 1970 fue encontrado en el palomar el famoso cuadro <<Ukrzyzowanie>> (Cristo crucificado) del siglo XVI. Se sabe que fue escondido por el párroco que sospechaba acertadamente su confiscación.

 

 

Pero muchos de los tesoros escondidos por la Iglesia, tarde o temprano cayeron en manos de los nazis. Como fue el caso del tesoro de la Catedral de Poznań que justo antes del comienzo de la guerra fue trasladado a Lublin. Los alemanas lo descubrieron bastante pronto en el convento de los dominicos y robaron.

 

El <<descendimiento de Cristo>> de Rubens

El día 1 de septiembre, de madrugada, el párroco de la iglesia de San Nicolás en Kalisz, Stanisław Zaborowicz, oyó por la radio la noticia sobre el ataque del Reich. Despertó al padre Franciszek Nowacki y al sacristán, y juntos descolgaron del altar <<El descendimiento de Cristo>>. El cuadro, sin firma, había sido traído a Polonia en el año 1620 por el secretario del rey, Piotr Żeromski, y desde entonces no cambió de lugar. Los sacerdotes pusieron el lienzo en un baúl. Nowacki cogió el primer tren y se lo llevó a Varsovia, donde se lo entregó al director del Museo Nacional, Stanisław Lorentzo. Mientras tanto, Zaborowicz y el sacristán escondieron los cálices, bandejas, candelabros de muy alto valor artístico e histórico en el subsuelo de la iglesia. Unos días después de la ocupación de Kalisz, la Gestapo arrestó a los dos sacerdotes y al sacristán y los torturó durante días, pero ninguno desveló el paradero del cuadro y de los otros objetos de la iglesia. Zaborowski fue transportado al campo de Radogoszcz y allí asesinado. Nowacki sobrevivió la guerra en un campo alemán. El lienzo de Rubens fue encontrado en la colección del Museo Nacional por los especialistas del equipo Kaia Muehlmann y confiscado. Los alemanes lo llevaron de vuelta a Kalisz, porque la ciudad había sido incorporada al Reich. Finalmente llegó al ayuntamiento hitleriano y, por suerte, los alemanes no se lo llevaron durante la huida del frente este. En 1973 un incendio consumió parte del altar principal de la iglesia de Kalisz. De las llamas se salvó sólo un trozo del bastidor. La milicia consideró que el inestimable lienzo fue devorado por las llamas, pero los bomberos observaron un trozo del mismo arrancado del bastidor. Según ellos, fue recortado del bastidor y posteriormente se le prendió fuego para así tapar las evidencias del robo. Se comenta que en el año 1993 en Viena alguien ofreció <<El descendimiento de Cristo>> de Rubens de Kalisz a un conocido coleccionista de arte polaco. Algunos de los expertos de las obras de arte sospechan que ésta pudo ser una prueba de sondeo para averiguar cuán alto rescate estaría dispuesta a pagar por la Iglesia polaca por el lienzo.  

 

De Lubartów en Lubelszczyzna (región polaca) los nazis se llevaron a Berlín nueve baúles de documentos de inestimable valor histórico. Ya en octubre del 1939 encontraron, enterradas en el jardín de las monjas de la Congregación de Santa Isabel, tres antiguas campanas de la Iglesia de San Mateo de Starogard y confiscaron; veintinueve baúles repletos de archivos de la diócesis de Chełm, escondidos hasta el año 1943 en la colegiata de Zamość. Entre éstos se encontraban: 411 antiguos manuscritos, 797 obras literarias polacas y 600 incunables llevados hasta allí por el padre Liedtke, quien anteriormente evacuó la Biblia de Guttenberg de Pelplin antes de 1 de septiembre.


La Virgen de Swarzewo

Los feligreses lucharon dramáticamente por la escultura de la Virgen Swarzewska del distrito de Puck, considerada milagrosa. En septiembre 1937 había recibido las coronas papales y nombrada Reina del Mar de Polonia. Antes de que estallara la guerra, el párroco de Swarzew, Wojciech Pronobis, encargó en secreto al escultor Sr. Cichoszów de Pelplin que esculpiera con la mayor urgencia posible una copia exacta de la estatua. Antes de la entrada de la Wehrmacht, el párroco decoró la falsa estatuilla con una corona bañada en oro, hecha de cartón y (...), la colocó, junto con los exvotos, en dos cofres y enterró en el patio de la casa de uno de los feligreses de más confianza, Torliński. (…) Tras una larga historia de torturas y persecuciones a los que la escondieron, finalmente fue encontrada por los nazis.  Como era de esperar, la humedad estropeó un poco la vieja madera. Los nazis se llevaron la figura a Berlín para allí someterla al proceso de restauración y finalmente llevarla a la parroquia del alemán Knop. Al final de la guerra, cuando ya era evidente que no la ganarían, los parroquianos de Swarzew sobornaron al párroco Knop con cinco gansos y 33 pavos y éste devolvió la figura de la Virgen. 

 

Los católicos alemanes regalan a los católicos españoles objetos robados a los católicos polacos 

Los nazis hacían uso variado de las obras robadas. El objetivo del robo masivo de las obras de arte por III Reich iba a servir principalmente a la aniquilación de la élite y la destrucción de la identidad nacional polacas.  

<<Lo más importante de todos estos problemas (relacionados con la cuestión polaca) es que la nación polaca ya no puede denominarse nación civilizada dentro de la unión de las naciones europeas, como también que será borrada su existencia como nación>> – citaba en agosto de 1941 el <<Biuletyn Głównego Urzędu Propagandy Rzeszy>>(Boletín de la Oficina General de Propaganda del Reich). Se planeó que las obras más extraordinarias se enviaran a Austria, concretamente a Linz. Hitler, quien había pasado sus años de instituto en Linz, quiso construir allí el museo más espectacular del mundo que, según él, debía albergar la mayor parte de las obras robadas en Polonia y recogidas en el catálogo de arte protegido. El resto de las obras requisadas más valiosas iban a enriquecer para siempre las colecciones de los museos e instituciones del III Reich. Las preciadas colecciones de pintura polaca, propiedad del Museo Wielkopolskie, fueron vendidos como objetos sin valor a los alemanes de Poznań. (...) 

 

También los tesoros de arte sacro llegaron a las colecciones alemanas. En el Atles Museum de Berlín fueron depositadas las retratos funerarios,  de la familia Wejherowie, robados del Convento de Wejherowo. (...) A la caja fuerte del museo berlines Reichkasse (Museo de Ciencia de Berlín) llegaron el cáliz de misa de Płock y las sortijas de los obispos de la ciudad. Las autoridades alemanas saquearon las iglesias de las tierras incluidas al III Reich hasta dejarlas completamente vacías. Tanto fue así que incluso el cardenal alemán Adolf Bertram de Breslavia, en su carta escrita el día 14 de abril de 1941 al Papa Pius XII, se lamentaba del saqueo de aquellos templos y solicitaba la intervención de éste a las autoridades alemanas. Los objetos considerados por los <<expertos>> alemanes de escaso valor, sobre todo los utensilios de plata, fueron vendidos en casas de empeño. El 15 de septiembre de 1940 desde Poznań viajaron hasta las casas de empeño en Berlín 33 baúles con objetos de plata saqueados de las iglesias de los terrenos añadidos al III Reich.  

 

Los alemanes hicieron un uso extraordinario de las obras de arte sacro saqueadas en las iglesias polacas y checas en el año 1940. Ante la capitulación de Francia, les interesaba mucho que España se incorporara a la guerra. Su objetivo principal eran las bases navales españolas para las operaciones de los submarinos alemanes y el ataque, junto con España, a la base británica en Gibraltar. Hitler contaba con que la conquista de Gibraltar pondría en sus manos toda la cuenca del Mar Mediterráneo y le abriría a los tanques alemanes el camino hacía la India. Pero, el general Franco quiso jugar un poco con Hitler. Le ponía condiciones económicas imposibles de cumplir, exigía entregas tan exageradas de material estratégico que la economía alemana se resistía. Siempre añadía que la , tras la guerra civil dejó al pueblo español agotado y no quería entrar en una nueva aventura bélica. De allí que Hitler decidiera persuadir a los archicatólicos españoles con el envío de  tres vagones de obsequios eclesiásticos: valiosas vajillas, esculturas y cuadros. Oficialmente era un regalo de parte del obispo Berning de Osnabrueck y prelado Keutz, presidente de la Cáritas alemana.

 

La embajada alemana organizó una pomposa exposición de los obsequios en el madrileño Museo de Bellas Artes. La inauguró el nuncio apostólico en España, Cayetano Cicog – nani, junto con el ministro de asuntos exteriores español - Serrano Suner. Cada uno de los objetos llevaba su etiqueta y el nombre de la parroquia, diócesis o convento del que procedía.

Las noticias sobre el origen de las obras empezaron a extenderse. El prelado Cicog-nani escribió al cardenal italiano Maglione que los alemanes enviaron en total de veintisiete toneladas de obras de arte.  

<<Se comenta que muchos de esos regalos fueron cogidos de las iglesias de Polonia y Chequia>> - escribía.

La exposición fue visitada por el obispo de Pelplin, Wojciech Okoniewski y su capellán, padre Świtalski, quienes se encontraban por entonces en España. Ese último más tarde escribió:

 

Hay que reconocer que la exposición es imponente y consiguió su objetivo de propaganda. Sin embargo, se oyeron comentarios de indignación, como p.ej. que las obras fueran devueltas a los países donde habían sido robadas, pero éstos eran casos aislados. Encontrar algo nuestro, procedente de la diócesis de Chełm, resultó imposible. No se permitía tocar nada. Quizás habríamos podido encontrar algo entre las casullas, pero esas estaban expuestos por separado, por lo que no se podría contemplar el conjunto. Estoy convencido de que allí estaban nuestras casullas, pero lamentablemente, ¿cómo podíamos demostrarlo?

 

Evidentemente no fue posible. Las obras saqueadas se quedaron en España. El único alivio es que Franco finalmente no se unió a la guerra.

 

El <<homenaje prusiano>> de Jan Matejko

El Padre Staniszewski hace el llamamiento a la Wehrmacht para salvar al <<Hołd pruski>> (Homenaje prusiano)

Los sacerdotes demostraron su coraje en el intento de salvar a las obras de arte procedentes de las colecciones públicas. En la víspera de la guerra, el destino del lienzo tenía muy preocupados a los encargados de los museos y más aún el futuro del <<Bitwa pod Grunwaldem>> (Batalla por Grunwald) (recordemos que son lienzos de considerable tamaño, el Batalla de Grunwald mide 426 × 987 cm y el <<Homenaje prusiano>> 388 × 875 cm) Unos meses antes de la guerra, durante la visita oficial de Hermann Goering a Polonia, el director del Museo Nacional en Cracovia, profesor Feliks Kopera le mostró a éste el <<Homenaje prusiano>>. Le explicó con detalle al Primer Ministro de la Prusia nazi el contexto histórico, en el que fue pintada la obra y la visión del pintor de la humillación del orgullo prusiano.  

(Unos días después el museo recibió una carta en la que se le informaba de la necesidad de enrollar el cuadro y de enviarlo a Varsovia, al Palacio Real. Éste probablemente fue un intento de robo del lienzo). Por suerte el profesor Kopera tomó una decisión diferente (...). Ya hacía tiempo que había pedido a los conservadores del museo que enrollaran el lienzo de Matejko sobre un rodillo de madera, separándolo con un papel suave, finalmente cubrir con una tela especial y transportarlo al Museo de Industria de Cracovia. Un vez allí fue introducido en una larga tubería, fabricada de chapa de cinc. Dentro de ella el rodillo colgada de unos ganchos especiales para amortiguar los posibles golpes y proteger la capa exterior del lienzo de posibles rozaduras. Finalmente la tubería fue colocada en un baúl macizo y hecho a medida. El profesor Kopera y el director del Museo de Industria, ingeniero Eugeniusz Tor, planearon enterrar el baúl con el lienzo en el bosque cracoviano Wolski. El 1 de septiembre, al poco del ataque aéreo sobre Cracovia, cambiaron los planes: la obra de Matejko sería enviada al Este, concretamente a Zamość. (…)

Eugeniusz Tor decidió entonces depositar el <<Homenaje prusiano>> en el sótano de la iglesia de Santa Catalina. (...) En octubre el lienzo fue robado. Los ladrones rompieron el baúl y la tubería para después brutalmente arrancar el lienzo, rasgándolo en varios sitios. Pero, decepcionados con el contenido del baúl, lo dejaron y saquearon el altar y la sacristía. (…)

Las personas involucradas en la misión de esconder al lienzo fueron arrestadas y llevadas a campos de concentración (en junio de 1940 los los padres Waclaw Staniszewski y Franciszek Trochonowicz) o fusilados (alcalde Wazowski y su hijo). (…) El "Homenaje prusiano" perduró en Cracovia hasta la liberación.

 

En el texto fueron mencionados los trabajos de:

Wojciech Kowalski "Likwidacja skutkow II wojny swiatowej w dziedzinie kultury" (Liquidación de los resultados de la II Guerra Mundial en el ámbito de la cultura) y "Restytucja dziel sztuki" (Restitución de las obras de arte); Cezariusz Skuza "Wojenne i powojenne losy polskich skarbow narodowych" (Destino durante y después de la guerra de los tesoros nacionales polacos), "Materialy i Studia" (Material y análisis) del padre Franciszek Stepniak y “rozprawy i relacje” de Stanislaw Lorentz y Klemens Ders „Dzwony zrabowane z polskich kosciolow” (Las campanas robadas de las iglesias polacas)

 

Traducción: Marta Jasiñska

fuente

Fotografías: páginas oficiales 

N. d. T: En el artículo han sido añadidas frases propias. Éstas aparecen entre paréntesis. 

Reservados todos los derechos sobre la traducción

 


 

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